Porque es tiempo de que el juicio comience por la familia de Dios; y, si comienza por nosotros, ¡cuál no será el fin de los que se rebelan contra el evangelio de Dios! “Si el justo a duras penas se salva, ¿qué será del impío y del pecador?” (1 Pedro 4:17-18)

Cuando nos familiarizamos con la palabra de Dios, vemos que el juicio es un tema recurrente en toda la Biblia. El plan de Dios incluye un juicio final sobre los malvados y todos los que rechazan el sacrificio de Jesucristo como pago por sus pecados (Hebreos 10:26–27). Cuando leemos 1 Pedro 4:17, vemos que el juicio de Dios comienza en la casa de Dios y que los cristianos también enfrentan el juicio de Dios: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la familia de Dios; y, si comienza por nosotros, ¡cuál no será el fin de los que se rebelan contra el evangelio de Dios!”

Al mirar este versículo, Pedro está instando a la iglesia, la casa de Dios, que estaba enfrentando la persecución, a perseverar. Los creyentes también estaban luchando para separarse de los pecados mundanos anteriores que una vez los habían esclavizado: “Por tanto, ya que Cristo sufrió en el cuerpo, asuman también ustedes la misma actitud; porque el que ha sufrido en el cuerpo ha roto con el pecado, para vivir el resto de su vida terrenal no satisfaciendo sus pasiones humanas, sino cumpliendo la voluntad de Dios. Pues ya basta con el tiempo que han desperdiciado haciendo lo que agrada a los incrédulos, entregados al desenfreno, a las pasiones, a las borracheras, a las orgías, a las parrandas y a las idolatrías abominables. A ellos les parece extraño que ustedes ya no corran con ellos en ese mismo desbordamiento de inmoralidad, y por eso los insultan” (versículos 1-4). Pedro les recuerda que los malvados se enfrentarán al juicio de Dios y que tendrán que rendir cuentas a Aquel que está listo para juzgar a los vivos y los muertos (versículo 5), pero que los creyentes en Cristo deben mantener un estándar más alto que antes. Las “pruebas de fuego” que enfrentaban eran para ayudar a refinarlos como el oro (versículo 12).

Dios permite que las dificultades y el sufrimiento en las vidas de Su pueblo los purifiquen. Cuando somos perseguidos por la causa de Cristo, compartimos Sus sufrimientos como Pedro escribe en los versículos 13–14: Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también sea inmensa su alegría cuando se revele la gloria de Cristo. Dichosos ustedes si los insultan por causa del nombre de Cristo, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre ustedes. Y cuando compartimos Su sufrimiento, es porque queremos conocerlo mejor (Filipenses 3:10). Pablo también repite este mismo tema en Romanos 8:17: Y, si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues, si ahora sufrimos con Él, también tendremos parte con Él en Su gloria. Parte del juicio de Dios sobre el pecado es el sufrimiento físico. Cuando Sus hijos experimentan tal sufrimiento, no es para hacernos daño, sino para hacernos más como Cristo. El “juicio” para los hijos de Dios puede considerarse disciplina (Hebreos 12:4–11) y está diseñado para purificar el pecado de nuestra vida y enseñarnos la obediencia.

Un padre amoroso no disciplina a otros niños porque no son los suyos, él solo disciplina a sus propios hijos. De la misma manera, la disciplina de nuestro Padre celestial comienza en Su propia casa con Sus propios hijos, la iglesia. Él está reservando a los impíos un juicio final que Sus hijos nunca experimentarán (Romanos 8:1). Las Escrituras hacen una distinción entre la disciplina purificadora de Dios en la iglesia y Su condena final de los impíos: “Cuando somos juzgados por el Señor, estamos siendo disciplinados para que no seamos condenados con el mundo” (1 Corintios 11:32).

En esta era actual, Dios permite circunstancias dolorosas en las vidas de Su propia familia, no para condenar, sino para madurar, para convencer y para traer el arrepentimiento (2 Corintios 7:10). A través del sufrimiento, aprendemos paciencia (Santiago 1:2-4). Este tipo de juicio es para animarnos a abandonar el egoísmo y acercarnos más a Él (Santiago 4:8). El juicio final para los incrédulos será la separación eterna de Dios, la vida y todo lo que es bueno y puro (Mateo 8:11-12; Apocalipsis 21:8).

El juicio que comienza en la casa de Dios también incluye la disciplina de la iglesia. La disciplina de la iglesia no es para los incrédulos, sino para los creyentes: ¿Acaso me toca a mí juzgar a los de afuera? ¿No son ustedes los que deben juzgar a los de adentro?(1 Corintios 5:12). Se les ordena a los creyentes que asuman la responsabilidad de otros seguidores de Cristo que pueden estar vacilando y dirigiéndose hacia el pecado (Santiago 5:20). Y muchos pastores y líderes de la iglesia también necesitan ser disciplinados.

Primera de Corintios 5:11–13 nos ordena que evitemos la comunión con cualquiera que afirme ser hermano o hermana en Cristo, pero que insista en mantener un estilo de vida pecaminoso. Jesús establece el proceso para la disciplina de la iglesia en Mateo 18:15–17. Alguien que ha sido confrontado varias veces y advertido que las decisiones que está haciendo están en oposición a que Dios necesita arrepentirse. Si él se niega a escuchar a la iglesia, debemos alejarnos de él con la esperanza de que esta acción drástica provoque el arrepentimiento. Como creyentes, debemos buscar la santidad y animarnos unos a otros para que también la busquen (1 Pedro 1:15–16).

En el versículo 18, Pedro parece estar citando Proverbios 11:31: Si los justos reciben su pago aquí en la tierra, ¡cuánto más los impíos y los pecadores!” Y refuerza el punto de que si el pecador justificado se salva solo con gran dificultad, sufrimiento, dolor y pérdida, ¿cuál será el fin de los impíos?

El cristiano superficial, ¿piensa cuánto pecado puedo cometer y no ser juzgado? Mientras un verdadero cristiano nacido de nuevo anhela honrar a Jesús en todo lo que dice y hace y quiere que Jesús sea el centro de atención, en cada momento que vive.

Como vemos, el deseo de Dios es que Su pueblo aprenda a caminar en santidad y comunión con Él (Romanos 8:29). Como cualquier padre amoroso haría, Dios traerá consecuencias desagradables sobre Sus hijos por la rebelión. Él espera a los que ha redimido por la sangre de Su Hijo para establecer el ejemplo para el resto del mundo. Si la iglesia no está buscando la santidad, el mundo no ve la necesidad de cambiar su estilo de vida; por lo tanto, el juicio comienza en la casa de Dios, con Sus propios hijos, mientras Él nos enseña a vivir como Cristo.

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Posteado por: ibnjcamalu | mayo 27, 2020

GUÁRDENSE DE LOS ÍDOLOS – 1 Juan 5:21

El apóstol Juan escribe: “Queridos hijos, guardaos de los ídolos.” (1 Juan 5:21)

De acuerdo con el diccionario de Webster, la definición de idolatría es “la adoración de ídolos o la devoción excesiva, o la reverencia por alguna persona o cosa.” Un ídolo es cualquier cosa que reemplaza al único Dios verdadero. Lo que atesoramos más que a Dios, lo que impulsa nuestros pensamientos y acciones, se convierte en un ídolo, y estos ídolos embotan nuestro corazón y nos alejan de Dios.

La idolatría se extiende más allá de la adoración de imágenes y dioses falsos. Es una cuestión del corazón, asociada con el orgullo, el egocentrismo, la avaricia, la glotonería y el amor por las posesiones. Jesús dijo: Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas (Mateo 6:24).

Dado que un ídolo puede ser cualquier cosa que tome el lugar de Dios como el enfoque y la prioridad más importante en nuestra vida, echemos un vistazo a algunas cosas que son o pueden convertirse en ídolos en nuestra vida.

EL ORGULLO, por definición, es una opinión excesivamente alta de uno mismo. Esto resulta en que el estado de la persona, sus necesidades, deseos, grandeza e imagen pública sean su principal interés y preocupación, independientemente de cómo afecta a otros.

Las personas orgullosas piensan que son importantes o superiores por lo que son, lo que tienen o lo que han hecho. El orgullo es cuando tomamos el crédito por nuestros logros y olvidamos que Dios es el que nos ha dado nuestra capacidad. Dios odia este tipo de orgullo y tarde o temprano habrá consecuencias como vemos en lo que le sucedió al rey Nabucodonosor en Daniel 4:28-37.

Si no reconocemos que el orgullo es un ídolo y una tentación constante y no nos arrepentimos de él, no creceremos espiritualmente a la medida que Dios quiere para nosotros. Así dice el Señor: “No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza; pero si alguien se gloría, gloríese de esto: De que Me entiende y Me conoce, pues Yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas Me complazco,” declara el Señor (Jeremías 9:23-24).

EL EGOÍSMO proviene del mundo, de la carne y del diablo, e impide en gran medida nuestro crecimiento espiritual porque todo el énfasis de las Escrituras está en nuestras relaciones con Dios y con los demás.

El deseo de ser primero; el anhelo de tener más no son las características de una persona bajo el control del Espíritu Santo; de hecho, lo opuesto es verdad. Las Escrituras nos dicen: Si tienen celos amargos y ambición personal en su corazón, no sean arrogantes y mientan así contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural, diabólica. Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala” (Santiago 3:14-16).

Solo a través de la entrega a nuestro Padre podemos liberarnos del ídolo del yo y el egoísmo, y al hacerlo, encontrar la libertad de ser todo lo que Dios creó para que seamos; hombres y mujeres de propósito destinados para glorificar a nuestro Dios Creador.

LA AVARICIA podría describirse como un deseo insaciable de tener más dinero o posesiones para la auto-gratificación, mientras se ignora a Dios, la eternidad y la necesidad de los demás. Pablo dice que “la raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10).

La avaricia pone un valor incorrecto en las cosas temporales. Trata las cosas temporales como si ellas, y nosotros, perduremos en la tierra para siempre. Pero, de hecho, podríamos morir hoy o todas nuestras posesiones nos podrían ser quitadas instantáneamente, como leemos en el ejemplo bíblico en la parábola del rico insensato en Lucas 12:13-21.

EL EGOCENTRISMO, es una persona autocentrada que está excesivamente preocupada consigo misma y con sus propias necesidades. Son egoístas y tienden a ignorar las necesidades de los demás y sólo hacen lo que es mejor para ellos.

Jesús aborda el núcleo del pecado de egocentrismo con esta clara declaración: “Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y que Me siga” (Mateo 16:24). Negarse a uno mismo significa dejar ir las cosas materiales que se usan para gratificar a uno mismo. Negarse a sí mismo es dejar de lado los deseos egoístas y la seguridad terrenal y, en cambio, centrarse en los intereses de Dios (Mateo 6:33); significa literalmente pasar del egocentrismo a centrarse en Dios donde el yo ya no está a cargo y Dios está, con Cristo gobernando nuestros corazones.

Todos tenemos una tendencia hacia el egocentrismo, que es otra práctica de adoración de ídolos. La cuestión es, ¿qué permitiremos tener control de nuestras vidas? ¿La carne o el espíritu? (Romanos 13:14; 1 Pedro 2:11; 1 Juan 2: 15-16)

LA GLOTONERÍA Comer y beber no es contrario a la voluntad de Dios. Sin embargo, el propósito que impulsa nuestro deseo de comer y beber puede ser. Si estamos comiendo y bebiendo en exceso con el fin de escapar de las dificultades de la vida, somos glotones. No debemos sustituir el comer y el beber por la dependencia de Dios para sostenernos en los momentos difíciles. El propósito de comer y beber es sostener nuestros cuerpos y no hacer que la comida o la bebida sean un ídolo que domine nuestros sentidos.

Dios nos ha bendecido al llenar la tierra con alimentos deliciosos, nutritivos y placenteros. Debemos honrar la creación de Dios al disfrutar estos alimentos y comerlos en cantidades apropiadas. Dios nos llama a controlar nuestros apetitos, en lugar de permitirles que nos controlen. Las Escrituras nos advierten que “su fin es perdición, cuyo dios es su apetito y cuya gloria está en su vergüenza, los cuales piensan sólo en las cosas terrenales (Filipenses 3:19).

EL AMOR A LAS POSESIONES – La Biblia es clara acerca de las posesiones materiales. Si son una prioridad más alta en nuestra vida, que Dios; ¡necesitamos arrepentirnos! Dios nos da bendiciones para que podamos ser una bendición para otros, no para mantener un estilo de vida lujoso en beneficio de nuestra codicia.

Necesitamos ser recordados de que la vida no es sobre el aquí y ahora, sino sobre la eternidad. No podemos llevar nuestras cosas al cielo, pero definitivamente podemos usarlas para beneficiar a los demás mientras todavía estamos vivos. Jesús dijo: Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?” (Mateo 16:26)

Y en otra ocasión Él nos advirtió: “No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban;  porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mateo 6:19-21).

Los ídolos no son sólo hechos de materiales como piedra, madera, etc. Las personas que no conocen la palabra de Dios también hacen de personas su dios, como adorar a sus líderes, músicos y artistas. En la Biblia, vemos donde las personas trataron de hacer un dios, un ídolo de Herodes; y Dios mató a Herodes con una muerte muy vergonzosa y dolorosa frente a ellos. Dios mostró a estos ateos, adoradores de ídolos, lo estúpidos que eran, porque “el día señalado, Herodes, vestido con ropa real, se sentó en la tribuna y les arengaba. Y la gente gritaba: ¡Voz de un dios y no de un hombre es ésta! Al instante un ángel del Señor lo hirió, por no haber dado la gloria a Dios; y murió comido de gusanos. Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba” (Hechos 12:21-24).

Nuestros corazones y mentes deben centrarse en Dios y en tener un corazón bondadoso hacia los demás. Por eso, cuando se le preguntó cuál es el mandamiento más grande, Jesús respondió: “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39). Cuando amamos al Señor y a los demás con todo lo que hay en nosotros, no habrá espacio en nuestros corazones para la idolatría.

Por tanto, mis queridos hermanos, huyan de la idolatría.
1 Corintios 10:14

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Posteado por: ibnjcamalu | mayo 20, 2020

PARA UN PADRE PENSAR – Proverbios 17:6

Corona de los ancianos son los nietos, y la gloria de los hijos son sus padres.” (Proverbios 17:6)

Un buen padre es aquel que proporciona y siempre está ahí cuando el niño lo necesita. 1 Timoteo 5:8 nos dice que “… si alguien no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo.

Vivimos en un día en el que muchos hombres han abandonado su responsabilidad de proveer para sus esposas e hijos. Pero ser un buen padre es más que simplemente llevar a casa un salario y satisfacer las necesidades físicas de sus hijos. No es suficiente ser un buen padre de acuerdo con los estándares del mundo; porque, también necesitan ser los líderes espirituales en sus hogares.

Actualmente estamos sufriendo de una falta de “paternidad” en el mundo. Los padres están renunciando a sus responsabilidades y dejan que los niños sean criados únicamente por su madre, abuela, pariente o el sistema estatal. Y mientras estos hacen lo mejor que pueden, un padre no puede ser reemplazado.

La Biblia enseña que, “la gloria de los niños son sus padres”, sin embargo, esto no sucede automáticamente. Requiere un padre que considere su responsabilidad de dirigir a su familia y que busque cumplir con esa responsabilidad no solo por un día, una semana o un año; pero busca hacer todo lo posible ante Dios a lo largo de su vida.

La Biblia nos dice que los hombres deben educar a sus hijos en la disciplina e instrucción del Señor (Efesios 6:4) y la advertencia es no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten (Colosenses 3:21). Los mensajes bíblicos a los padres con frecuencia reflejan la necesidad social muy real de disciplina familiar y liderazgo piadoso en el hogar; Enseña al niño el camino en que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él (Proverbios 22:6). Recordando que la corrección es buena y traerá a un niño a sus sentidos al eliminar sus pensamientos tontos (Proverbios 22:15). Cada padre que ama a sus hijos establece reglas. Necesitamos enseñar a nuestros hijos que hay límites, reglas y regulaciones.

Cuando un padre establece límites, el carácter de su hijo se fortalece. Nuestros niños necesitan saber que hay una diferencia entre lo que el mundo dice que está bien y lo que Dios dice que está bien. Necesitan saber que hay un Dios omnipotente, omnisciente, omnipresente, inmutable que nos ha dado un estándar de conducta para vivir. La Biblia enseña que guardar los mandamientos y las normas de Dios invitan a las bendiciones de Dios y que violarlos invita a Su disciplina.

Aunque este versículo ciertamente implica un liderazgo piadoso, el enfoque inmediato está en los niños. ¡Se nos dice que los niños, reciben la “gloria” de sus padres! Entonces, ¿cómo sucede esto?

Cuando este versículo habla de la gloria, en el sentido bíblico, se centra en el valor, la dignidad o la reputación de la persona. Por ejemplo, las Escrituras enseñan que el Señor Jesús “vendrá en la gloria de Su Padre” (Mateo 16:27; Marcos 8:38), y que la reputación de Dios Padre fue conferida a Cristo Jesús: “Porque El recibió honor y gloria de Dios Padre” (2 Pedro 1:17).

Entonces, los padres necesitan aprender este principio crítico. Su reputación se refleja en sus hijos. Su comportamiento en el trabajo se considera un indicador del potencial de sus hijos. Lo que usted dice o hace en momentos de pasión sin control se transmitirá a sus hijos; para el bien o para el mal. El dictado común “como padre, como hijo” es reconocido a través del tiempo y de la cultura como una medida precisa de la existencia humana.

También debemos recordar que el viejo dicho de que las acciones hablan más alto que las palabras es tan cierto cuando se trata de enseñar a nuestros hijos. El ejemplo que vivimos tiene mucho más influencia sobre ellos que cualquier cosa que podamos decir. Los niños aprenden por lo que ven a sus padres haciendo.

El Señor advierte que “la iniquidad de los padres” será pasada sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación (Éxodo 34:7). ¿No sería mucho mejor que los niños recibieran la gloria de su vida justa que la vergüenza de su iniquidad? (Salmo 89:45)

Entonces sigamos el hermoso ejemplo que la Biblia nos da en Deuteronomio 6:5-9 Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas.”

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Posteado por: ibnjcamalu | mayo 13, 2020

¿QUÉ SUCEDE DESPUÉS DE LA MUERTE? – Juan 5:24-29

“En verdad les digo: el que oye Mi palabra y cree al que Me envió, tiene vida eterna y no viene a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida. En verdad les digo que viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que oigan vivirán. Porque como el Padre tiene vida en El mismo, así también Le dio al Hijo el tener vida en El mismo; y Le dio autoridad para ejecutar juicio, porque El es el Hijo del Hombre. No se queden asombrados de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán Su voz, y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio.” (Juan 5:24-29)

Lo que sucede cuando mueres depende de lo que sucede antes de morir. La Biblia clasifica a la raza humana en dos categorías, la salvada y la perdida. Los salvos son aquellos que han confiado en Jesucristo como su Señor y Salvador, mientras que los perdidos son los que no han confiado en Él; y lo que sucede con los que son salvos es radicalmente diferente de lo que sucede con los perdidos. 

La Biblia es muy clara sobre este tema que cuando la persona salva muere, su alma va directamente a la presencia del Señor. Esto contradice la enseñanza llamada “sueño del alma”, que implica que en la muerte un creyente “duerme” en una especie de animación suspendida hasta el día de la resurrección. 

Jesús le dijo al ladrón en la cruz: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). El ladrón arrepentido pasó de la vida al reino llamado “paraíso.” ¿Cómo podría el ladrón estar ese mismo día en el paraíso como Jesús le dijo, si su alma se iba a dormir cuando murió? El apóstol Pablo escribió: “Estar ausente del cuerpo es estar presente con el Señor” (2 Corintios 5:8); por lo tanto, en el momento de la muerte, el alma del creyente pasa inmediatamente a la presencia de Jesucristo.

También debemos entender que la Biblia usa el término “dormir” para describir la muerte solo en el caso de los verdaderos creyentes, y nunca para los no cristianos, como leemos en un par de ejemplos del Antiguo y el Nuevo Testamento en 1 Reyes 2:10 y Juan 11:11.

Pablo nos dice: “Yo oro a Dios, que todo su espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensibles hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).

Así como lo vemos, la humanidad está compuesta de cuerpo, alma y espíritu, y los tres no son lo mismo. 

  • El cuerpo es puramente físico y pasará algún día, pero mientras en esta vida es el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19), para el creyente.
  • El alma es la vida animada, o el asiento de los sentidos, deseos, afectos y apetitos; y vivirán después de la muerte en un lugar u otro, es decir, el cielo o el infierno.
  • El espíritu es la parte de nosotros que se conecta o se niega a conectarse con Dios. Nuestro espíritu se relaciona con Su Espíritu, ya sea aceptando Sus impulsos y convicciones, demostrando así que pertenecemos a Él (Romanos 8:16) o resistiéndolo y probando que no tenemos vida espiritual (Hechos 7:51).

Ahora que hemos aclarado la composición del hombre, centrémonos en los aspectos de la muerte física, la muerte espiritual y la muerte eterna o segunda muerte. 

La muerte física es la “separación” de la parte inmaterial de una persona de la parte material de la persona. Eclesiastés 12:7 nos dice que “el polvo volverá a la tierra como lo que era, y el espíritu volverá a Dios que lo dio”.

La muerte no es un cese de la conciencia (por ejemplo, “sueño del alma”). Sin embargo, la Biblia describe la muerte física para el creyente como “aquellos que duermen” (1 Tesalonicenses 4:13‑14), refiriéndose al cuerpo, no al alma. Como analogía, en el sueño físico hay un cese temporal de la actividad física, pero no una actividad del alma espiritual; y la finalidad de la muerte física será una resurrección física como se indica en 1 Corintios 15:52 para el creyente y para el incrédulo en Apocalipsis 20:11-15.
 

La muerte espiritual, por otro lado, es la separación de Dios. “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquél que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28).

En Génesis 2:17, Dios le advirtió a Adán que, el día que desobedeciera Su mandamiento, seguramente moriría. Obviamente, Adán no murió físicamente el día que pecó, pero sí murió espiritualmente. Su naturaleza se había hecho al contrario de la naturaleza de Dios, porque había caído. Y debido a que se cayó, ya no pudo compartir el mismo nivel de compañerismo que tenía antes de la caída. Como resultado, todos los descendientes de Adán nacen muertos espiritualmente, porque; “El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente” (1 Corintios 2:14). Aunque el “hombre natural” puede no sentirse espiritualmente muerto, él está muerto; y el remedio para la muerte espiritual debe ser vivificado por la fe en el Mesías (Juan 5:24; Efesios 2:5; Colosenses 2:13).

La muerte eterna o la segunda muerte como se menciona en (Apocalipsis 20:14, 21:8) es una separación de Dios en la eternidad (Mateo 25:41; 2 Tesalonicenses 1:9; Apocalipsis 14:11) y es permanente. Este tipo de muerte es el resultado de no creer en Jesucristo como nuestro Salvador (Juan 3:17-18; Juan 8:24; Hechos 4:12). El lugar de la muerte eterna o la segunda muerte, es el Lago de Fuego (Apocalipsis 20:11-15; 21: 8), donde estarán los incrédulos por la eternidad

Para resumir: Para el creyente en Jesucristo, la Biblia nos dice que después de la muerte, las almas de los creyentes son llevadas al cielo, porque sus pecados han sido perdonados por haber recibido a Cristo como Salvador (Juan 3:16, 18, 36). Y en la resurrección de los creyentes, su cuerpo físico es resucitado, glorificado y luego reunido con su alma. Este cuerpo-alma-espíritu reunificado y glorificado será la posesión de los creyentes por la eternidad en los nuevos cielos y en la nueva tierra (Apocalipsis 21-22).

Opuestamente, para aquellos que no reciben a Jesucristo como Salvador, la muerte significa un castigo eterno. Apocalipsis 20:11-15 describe a todos los incrédulos muertos siendo resucitados, juzgados en el Gran Trono Blanco y luego arrojados al Lago de Fuego.

Por favor, piense seriamente en eso, porque la muerte física no es el final del camino. Para el creyente, es la puerta al cielo. Para el incrédulo, sin embargo, es el comienzo de un pasaje hacia un sufrimiento inimaginable. Estas son todas verdades bíblicas, aunque talvez no creas en ellas. Por lo tanto, esté listo para hacer su elección mientras pueda, para que usted no se sorprenda de lo que sucederá a continuación.

Si deseas saber cómo ser salvo, haga clic en este enlace; SOBRE LA SALVACIÓN y recuerde que cada segundo que vivimos es precioso; “tenemos sólo una vida que pronto pasará, y sólo lo que es hecho para Cristo durará.”

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“Los oímos hablar en nuestros propios idiomas de las maravillas de Dios.” (Hechos 2:11)

Comencemos por aclarar primero que el don de hablar en lenguas en el Nuevo Testamento ocurrió hace 2000 años cuando el Espíritu Santo le dio a un cristiano el don de hablar un idioma que no conocía para enseñar a alguien el evangelio de Jesucristo, (1 Corintios 14:6). 

El don de lenguas estuvo presente solo por un tiempo, porque las Escrituras nos dicen que cesarán las lenguas (1 Corintios 13:8). Sin embargo, si el don de hablar en lenguas estuviera activo en la iglesia hoy, se llevaría a cabo de acuerdo con las Escrituras. Sería un lenguaje real e inteligible (1 Corintios 14:10). Sería con el propósito de comunicar la Palabra de Dios a una persona de otro idioma (Hechos 2:6–12), y se haría “de una manera decente y con orden (1 Corintios 14:40), “porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos (1 Corintios 14:33). 

Lamentablemente, debido al orgullo, como en la iglesia de Corinto, un fenómeno referido a la glossolalia o “enunciaciones extáticas”, lo que significa hacer sonidos ininteligibles mientras está en un estado de éxtasis, está ocurriendo en varias iglesias hoy.

Por favor, entienda que la glossolalia es balbucear en una lengua inexistente, mientras que la xenoglossia es una habilidad sobrenatural de hablar fluidamente un idioma que el hablante nunca aprendió. En contraste con hablar un lenguaje real, los estudios mostraron que la glossolalia es un comportamiento aprendido.

Hay básicamente dos aspectos de la glossolalia. El primero, equivale a hacer sonidos extáticos, que prácticamente todos pueden hacer o imitar, y es un comportamiento fácil de aprender. El otro aspecto de la glossolalia es el éxtasis o la demostración de la euforia similar al trance, que es muy peligrosa. Lamentablemente, muchos han sido enseñados y creen que el propósito principal del don de hablar en un éxtasis ininteligible o glossolalia es manifestar el Espíritu Santo que está siendo derramando sobre ellos tal como sucedió en el día de Pentecostés. Pensar de esta manera es dar una bofetada en la cara de Jesús que nos envió el Espíritu Santo para que nos guíe. En cambio, algunos eligen burlarse de Él con este tipo de actuación; o tal vez no se dan cuenta de que están siendo dominados por un demonio. 

Por favor, lea las Escrituras por sí mismo y no se deje ser engañado por tantos falsos profetas de hoy, recuerde que Jesús nos advirtió sobre ellos en (Mateo 7:15 y Mateo 24:24).

Nosotros recibimos el Espíritu Santo por la fe en el Señor Jesucristo. Cuando creemos que Él murió por nuestros pecados y que Él resucitó de la muerte, en ese momento nacimos de nuevo. En ese mismo momento, recibimos el Espíritu Santo Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13).

En pocas palabras, hay una diferencia tremenda entre lo que sucedió en Hechos 2 y la práctica de la glossolalia en la iglesia de Corinto y en muchas iglesias hoy. 

Permítanme explicarles que la glossolalia es un fenómeno de psiquiatría y estudios del lenguaje, generalmente vinculado a situaciones de fervor religioso, en las que el individuo cree expresarse en un idioma desconocido para él, que no existe, pero que considera de origen divino; sin embargo, estos discursos se caracterizan por la repetición de la cadena de sonido, sin ningún significado sistemático y, además, con raras unidades lingüísticas previsibles, siendo el hablante incapaz de repetir cualquiera de los enunciados ya pronunciados, a no ser que se practicaron de ante mano, por el deseo de hablar en lenguas desconocidas.

Pablo dejó perfectamente en claro que el propósito principal del don de hablar en lenguas (idiomas comprensibles) era ser una señal para aquellos que no creían y para difundir las buenas nuevas, el evangelio de Cristo con los demás (1 Corintios 14:19, 22). Pero esto no se hace con un discurso extático, gritos, confusión y caerte al suelo como una persona borracha fuera de su mente. 

Recuerde que es peligroso buscar algo que Dios no está dando, porque usted está completamente abierto a la falsificación de Satanás. Una investigación fue concluida, donde 50 supuestos hablantes de lengua estaban hablando en lenguas desconocidas, los entrevistadores exigieron que los hablantes se identificasen; el 95% de los hablantes fueron identificados como un demonio manifestándose, los otros 5% eran personas mentalmente inestables. 

En Corinto, las prácticas falsas del paganismo se habían apoderado de la iglesia. Lamentablemente, lo mismo está sucediendo hoy. Las experiencias extáticas y orientadas a los sentimientos nunca se asocian en el Nuevo Testamento con la verdadera obra del Espíritu Santo, ¡nunca! Pablo dice: “Pero hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). No es la manera del Espíritu Santo de tener un culto de adoración donde todos saltan y comienzan a orar en lenguas desconocidas, rodando por el suelo, riendo incontrolablemente, ladrando como perros y teniendo un estado caótico total. Tengan cuidado; este tipo de comportamiento no es más que la confusión del paganismo que ha envuelto a la iglesia y Satanás y sus demonios se regocijan con este tipo de práctica.

Cuando leemos la Biblia, no hay evidencias de que Jesús haya hablado en lenguas. Si Cristo fuera a hablar en lenguas, habría sido razonable según la lógica de algunos de los falsos maestros de hoy, que Él lo hiciera en Su bautismo cuando “el Espíritu Santo descendió sobre Él como una paloma” (Marcos 1:10). Sin embargo, a medida que continuamos leyendo el versículo 11, el Padre habló desde el cielo con palabras que todos podrían entender, y no tenemos registros de que Jesús haya hablado en lenguas.

Sin embargo, tenemos un registro de Jesús hablando en arameo, el idioma común que se hablaba en Israel en aquella época (Marcos 5:41 y Hechos 26:14), además de su idioma nativo del hebreo. 

La primera ocurrencia del verdadero hablar en lenguas ocurrió el día de Pentecostés en Hechos 2:1-4. Cuando esto sucedió, los apóstoles salieron y compartieron el evangelio con las multitudes, hablando con ellos en su propia lengua: “¡Los oímos hablar en nuestros propios idiomas de las maravillas de Dios!” (Hechos 2:11). La palabra griega lenguas traducida significa literalmente “idiomas”.

Según el apóstol Pablo, y de acuerdo con las lenguas descritas en Hechos, hablar en lenguas entendibles es valioso para quien oye el mensaje de Dios en su propio idioma, pero es inútil para todos los demás, a menos que sea interpretado o traducido.

El apóstol Pablo, que hablaba varios idiomas, lo explicó de esta manera: “Pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida (1 Corintios 14:19). Es decir, si hablaba, latín, griego, arameo y hebreo, para nombrar algunos, ¿por qué hablaría hebreo a su audiencia en Roma que hablaba latín?

Dios ha dotado al Ministerio Mission Venture en Español para enseñar, interpretar y traducir en más de un idioma. Entonces, para explicar con más detalle, si usted leyera nuestra publicación semanal en un idioma que no sea el que entiende, ¿de qué le serviría? Simplemente sería una tontería y no obtendrías nada de ello.

Recuerde que si el don de hablar en lenguas estuviera activo en la iglesia hoy, se realizaría de acuerdo con las Escrituras. Sería un lenguaje real e inteligible porque: “Así también ustedes, a menos de que con la boca pronuncien palabras inteligibles, ¿cómo se sabrá lo que dicen? Pues hablarán al aire. Hay, quizás, muchas variedades de idiomas en el mundo, y ninguno carece de significado. Pues si yo no sé el significado de las palabras, seré para el que habla un extranjero, y el que habla será un extranjero para mí” (1 Corintios 14:9-11).

Definitivamente, Dios puede darle a una persona el don de aprender a hablar en diferentes idiomas para que pueda comunicarse con otros y compartir el Evangelio.

Imaginen cuán más productivos serían los misioneros si no tuvieran que ir a la escuela para aprender un idioma extranjero y fueran instantáneamente capaces de hablar con las personas en su propio idioma. Sin embargo, hoy en día el hablar en lenguas no ocurre de la manera como sucedió en el Nuevo Testamento, a pesar del hecho de que sería inmensamente útil, si fuera así.

Como hemos aprendido hasta ahora, el don de lenguas en la época de los apóstoles era la capacidad sobrenatural de hablar un idioma extranjero que el hablante nunca había aprendido. Vemos este don en uso en Hechos 2:4–12, cuando los judíos en Jerusalén escucharon el evangelio predicado en una amplia variedad de idiomas.

El objetivo era que todos pudieran comprender y beneficiarse de la verdad hablada. De acuerdo con el apóstol Pablo, y de acuerdo con las lenguas descritas en Hechos, el don de lenguas estaba destinado a comunicar el mensaje de Dios directamente a otra persona en su idioma nativo. Por supuesto, si los presentes no podían entender el idioma que se hablaba, las lenguas eran inútiles, y eso era lo que hacía necesario al intérprete; porque, el objetivo era la edificación de la iglesia (1 Corintios 14:5).

Uno de los problemas en la iglesia de Corinto fue que los que balbuceaban interrumpían durante el culto, llamando atención a sí mismos, pero sus palabras no hacían sentido, pues nadie conseguía entenderlos. Esto era muy aterrador, presuntuoso y inquietante a los estaba allí para aprender.

Pablo les dijo a los corintios que, si dos o tres hablantes de lenguas reales querían hablar en una reunión, entonces también debería estar presente un intérprete dotado espiritualmente. Pero si no hay intérprete, que guarde silencio en la iglesia y que hable para sí y para Dios” (1 Corintios 14:28).

Es lamentable que muchos hoy en día ven la “glossolalia o expresiones extáticos” como una forma de discurso sobrenatural que proviene de Dios, cuando es una mentira del enemigo y una ofensa a Dios.

Muchos frecuentadores de la iglesia han sido enseñados que una persona tiene que aprender a hablar en lenguas para demostrar que son realmente salvos. Entonces, después de estudiar las cartas de Pablo y las enseñanzas de la Escritura sobre el cese del don de lenguas, ellos preguntan: “¿Qué debo hacer ahora?” Simplemente: ¡Párate! Deje de balbucear porque esto no viene del Espíritu Santo.

Hay muchas advertencias en la Biblia, y esta es una de ellas que nos da mucho que pensar. En Mateo 7:22-23, Jesús dijo: “Muchos Me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?’ Entonces les declararé: ‘Jamás los conocí; apártense de Mi, los que practican la iniquidad.’”

Ellos estaban profetizando falsamente en el nombre de Jesús, no habían expulsado demonios, porque los demonios no expulsan demonios y mentían cuando decían haber hecho milagros en Su nombre. Por eso es tan importante que nuestra fe se base en la Palabra de Dios y que solo hagamos la voluntad del Padre que está en el cielo.

Bienaventurados los de corazón puro: porque ellos verán a Dios.
Mateo 5:8

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Posteado por: ibnjcamalu | abril 29, 2020

JESÚS VINO A BUSCAR Y A SALVAR A LOS PERDIDOS – Lucas 19:10

“Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido. (Lucas 19:10) 

Jesús está afirmando esto, en respuesta a la multitud, que se quejaba que Él había ido a ser huésped de un hombre que era pecador, el principal recaudador de impuestos, Zaqueo. No entendieron que esta era la razón por la que Él había venido a la tierra a buscar y salvar a los perdidos. 

Los recaudadores de impuestos no eran populares; eran vistos como la escoria de la tierra. Sirvieron a Roma para beneficio personal y se aprovecharon injustamente de sus propios compatriotas. Zaqueo no era solo un recaudador de impuestos, sino un recaudador de impuestos principal, lo que hacía que las personas despreciaran aún más al hombre. 

A la luz del odio público a los recaudadores de impuestos, Jesús eligió a Levi o Mateo como uno de sus doce apóstoles. Esto muestra el amor de Jesús por los perdidos y el poder transformador de Su gracia salvadora. 

Dios definitivamente estaba moviendo el corazón de Zaqueo para luchar contra las multitudes y finalmente subirse a ese árbol para que pudiera ver a Jesús. Probablemente había escuchado que este Maestro había elegido a un recaudador de impuestos llamado Levi, para ser uno de Sus discípulos, y que Jesús socializaba con notorios pecadores. Quizás su conciencia culpable lo molestó, y pensó: “Tal vez Jesús podría perdonar mis pecados.” 

Jesús mismo enseñó claramente: Nadie puede venir a Mí si no lo trae el Padre que Me envió (Juan 6:44). Y nuevamente, Él lo repite en el mismo contexto: “Nadie puede venir a Mí si no se lo ha concedido el Padre” (Juan 6:65). Si Zaqueo estaba en ese árbol para buscar a Jesús, fue porque el Padre lo estaba acercando a Él.

Jesús fácilmente podría haber pasado bajo ese árbol y nunca mirado hacia arriba. La multitud lo rodeaba mientras pasaba por Jericó (Lucas 19:1), en Su camino hacia Jerusalén y la cruz (Lucas 18:31-34; 19:28). Pero cuando nuestro Señor llegó al lugar, miró hacia arriba y dijo: “Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa” (Lucas 19:5). Zaqueo quería ver a Jesús, pero no tenía conocimiento previo de que Jesús quería verlo. De todas las personas en esa gran multitud, el Salvador se enfocó en este hombrecito; Jesús se invitó a sí mismo a ir a su casa y quiso hablar personalmente con Zaqueo. 

¿Has tenido una experiencia en la que el Espíritu de Dios estaba tratando con tu alma? Quizás estuviste escuchando un sermón y sentiste que estaba dirigido directamente hacia ti, y que Jesús te estaba llamando personalmente. Tal vez incluso ahora puedes escuchar al Salvador llamándote y diciendo: “Sígueme.”

Muchas iglesias han olvidado el propósito del Salvador de buscar y salvar a los que están perdidos. Por lo tanto, es nuestro deber, como discípulos de Jesucristo recordar que: 

  • El amor cambia a las personas, eso es lo que hizo Jesús y debería ser nuestra forma de emular al Salvador también.
  • Nadie está más allá del poder de la gracia de Dios para alcanzar a los perdidos. Cristo puede salvar “al máximo.” Debemos ofrecer el Evangelio con valentía a los peores y los más malvados de los pecadores, y decir: “Hay esperanza.”
  • Aquí vemos una imagen de la compasión de Cristo hacia los pecadores, y Su poder para cambiar los corazones humanos. No podemos enfatizar lo suficiente que Jesús esté dispuesto para salvar a aquellos que están listos para recibirlo como Señor y Salvador.
  • Una persona convertida es una persona transformada. Las personas genuinamente convertidas darán evidencia externa de su conversión interna. Un pecador convertido vivirá una vida completamente diferente de su vida anterior; y las palabras de Zaqueo, la mitad de mis bienes daré a los pobres“, es una prueba inequívoca de que Zaqueo era una nueva criatura.
  • La misión de nuestro Maestro es activa, no pasiva. Él no espera que la gente venga a Él; Él busca activamente a los perdidos para salvarlos. Por lo tanto, Dios puede darnos una visión natural y sobrenatural de las personas para que podamos ayudarlas.
  • Nuestro ministerio debe requerir osadía y no miedo, confiando en el Espíritu Santo para guiarnos en lo que Él nos está llamando a hacer.

Somos Sus discípulos, y Su misión es nuestra misión. Rescatar almas de una eternidad en el Lago de Fuego es el propósito más grande del universo, el tiempo y la eternidad. Los verdaderos hombres y mujeres de Dios y siervos de Jesús anhelan como Él de “buscar y salvar a los perdidos.” 

Como Charles Thomas Studd escribió: “Dos pequeños frases que oí un día, viajando a lo largo del camino de la vida; trayendo convicción a mi corazón, y que de mi mente no saldría; sólo una vida, que pronto pasará, sólo lo que se hace para Cristo durará.

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Posteado por: ibnjcamalu | abril 22, 2020

LA CURA BÍBLICA PARA LA ANSIEDAD – Mateo 6:27

“¿Quién de ustedes, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?” (Mateo 6:27) 

La ansiedad, la preocupación, la inquietud, la angustia, la agitación, la tensión, la irritabilidad son emociones que experimentamos y que afectan nuestra vida, nuestras decisiones, y finalmente la dirección de nuestra vida. Jesús aborda esta cuestión en Mateo 6:25-34. Él no quiere que estemos ansiosos y llenos de preocupación; Él quiere que vivamos la vida confiando en Él. Él no quiere que tomemos decisiones basadas en el miedo al futuro; más bien, Él quiere que la dirección de nuestra vida se establezca en verdades eternas, en vez de cosas temporales y promesas vacías que el mundo ofrece.

La Biblia nos dice que preocuparse y estar ansioso no es bueno; y básicamente significa que nos preocupamos porque no confiamos en Dios. No confiamos en que Él nos ayudará en las situaciones que enfrentamos y no dependemos de Él para cuidar de nosotros.

¡Mientras Jesús estaba enseñando, la palabra “preocupación” se encuentra al menos seis veces! El pensamiento principal en cada caso es que no debemos preocuparnos por el futuro. No debemos preocuparnos por lo que vamos a comer, beber o vestir (versículo 31), ya que Dios sabe todo acerca de estas “necesidades” (versículo 32) y seguramente Él cubrirá todo que necesitamos si “buscamos primero el reino de Dios y su justicia” (versículo 33). 

Jesús hace una pregunta en el versículo 27: “¿Quién de ustedes, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?” El argumento es muy realista, porque la ansiedad no te lleva a ninguna parte; y no te hace ningún bien preocuparte. Cualquiera sea el problema que le cause ansiedad, puede estar seguro de que su ansiedad no disminuirá el problema. Solo te hará sentir miserable mientras trates de lidiar con eso; así que aprenda a no estar ansioso. 

La verdad es que ninguna cantidad de preocupaciones puede prolongar tu vida. En cambio, la preocupación te roba el sueño, la salud y muchas otras cosas. De hecho, es solo cuando estás libre de preocupaciones que la unción de Dios fluye libremente en ti, fortaleciéndote, curándote y restaurándote los años que la langosta ha comido (Joel 2:25).

En segundo lugar, es una tontería estar ansioso, porque demuestra que somos “hombres de poca fe”.

Nuestro nivel de ansiedad es un buen indicador de cuánto confiamos realmente en el Señor. Parece increíble, pero parece que nos resulta más fácil confiar en que Dios salvará nuestra alma del infierno debido a lo que Jesús ha hecho por nosotros en la cruz que confiar en que Él proveerá para nuestras necesidades diarias. Si podemos confiar en Dios para nuestra salvación eterna, ¿no podemos también confiar en Él para nuestras necesidades diarias? Jesús dijo: Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones” (Mateo 6:34).

¿Cómo podemos evitar la ansiedad? Primero, debemos confiar en Dios. Si Dios provee alimento para pájaros y viste flores con belleza, ¿Él no proveerá las necesidades de la vida para los humanos que hacen la obediencia a Él una prioridad en su vida? (Mateo 6:25-26, 28-30). En segundo lugar, lleve un día a la vez. Jesús dijo para nunca estar ansioso sobre el día siguiente, porque, el día siguiente, tendrá sus propias preocupaciones.

Entonces, ¿cuál es el remedio para no preocuparse? Hay muchos versículos bíblicos que proporcionan la respuesta a esta pregunta, uno de ellos es Filipenses 4:6-7: No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. No preocuparse por nada significa que no nos preocuparemos por algo y esto es posible solo a través de la oración y la acción de gracias. Si hay alguna preocupación por la comida, la bebida, la ropa o cualquier otra necesidad que tengamos, simplemente debemos llevar esas necesidades al Señor en oración. Necesitamos pedir y después de pedir debemos comenzar a agradecer a Dios por Sus provisiones porque Él proveerá para nosotros. Si hacemos esto, la preocupación desaparecerá de nuestras vidas y será reemplazada por la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento.

Asegúrate de tu compromiso con Jesucristo. Luego pídale que lo ayude a poner sus preocupaciones en Sus manos todos los días. Cuando vengan las ansiedades, llévalas a Dios en oración. Cuando las preocupaciones amenacen, contéstelas con las promesas de Dios “echando toda su ansiedad sobre El, porque El tiene cuidado de usted (1 Pedro 5:7).

Es posible que no podamos evitar que los pensamientos de ansiedad entren en nuestra mente, pero podemos contar con el Señor para suplir nuestras necesidades, protegernos del mal, guiarnos y mantener nuestra alma segura para la eternidad. Recuerde que Dios guardará en perfecta paz aquel cuyo propósito está firme, porque en Él confía (Isaías 26:3). Y mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús (Filipenses 4:19).

Jesús dijo: El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas” (Juan 10:10-11).

¿Estás sirviendo al ladrón que quiere matar y destruir y robar tu vida y tu alegría? ¿O estás sirviendo al “Buen Pastor” que anhela darte una vida abundante repleta de alegría y paz?

Las personas que se preocupan y no confían en Dios simplemente existen; sin embargo, las personas que aman y confían en Dios están viviendo abundantemente y al máximo.

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Posteado por: ibnjcamalu | abril 15, 2020

OBEDECIENDO A DIOS – Juan 4:34

“Mi alimento es hacer la voluntad de Aquel que me envió y cumplir Su obra” (Juan 4:34).

¿Por qué es tan importante la obediencia a Dios? Porque demuestra nuestro amor por Él (1 Juan 5:2-3), demuestra nuestra fidelidad a Él (1 Juan 2:3-6), lo glorifica en el mundo (1 Pedro 2:12) y abre vías de bendición para nosotros (Juan 13:17).

Por la fe, Abraham obedeció el llamado de Dios a pesar de que no sabía a dónde iba (Hebreos 11:8). Y así es exactamente como debemos obedecer al Señor. Él no revela todo el camino porque con cada paso hacia lo desconocido Él fortalece nuestra fe.

La fe es necesaria para agradar a Dios (Hebreos 11:6), y si nuestra fe es genuina y verdadera, viviremos un estilo de vida caracterizado por la justicia, modelando el ejemplo que Jesucristo nos dio. Obedecemos Sus mandamientos, no porque tenemos que hacerlo, sino porque queremos, porque Lo amamos. Una vez que creemos en Cristo y somos salvos, somos una nueva creación y queremos obedecerle porque: “Si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! (2 Corintios 5:17)

Cuando obedecemos al Señor, podemos vivir una vida de alegría, sin vergüenza, enraizados profundamente en el Señor y confiando en nuestra esperanza eterna, porque: “Donde está el Espíritu del Señor, ahí hay libertad” (2 Corintios 3:17).

Cuando los hijos de Dios obedecen a su Padre Celestial, Él es glorificado. Jesús nos dijo que Su propósito y deseo es que los demás vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos (Mateo 5:16). Por supuesto, realizar “buenas acciones” requiere obediencia a Aquel que nos llama a las buenas obras. El testimonio de santidad de un cristiano es una fuerte comprobación de que Dios está obrando en el mundo. Bienaventurado todo aquél que teme al Señor, que anda en Sus caminos (Salmo 128:1).

Los cristianos deben tomar una posición en contra de la práctica mundana y obedecer al Señor. Daniel nos ha dado un ejemplo sobresaliente de cómo hacer esto, no solo con valentía, sino también con gracia y éxito. Pero Daniel se propuso en su corazón no contaminarse con los manjares del rey ni con el vino que él bebía, y pidió al jefe de oficiales que le permitiera no contaminarse” (Daniel 1:8).

Como uno de los israelitas de la familia real y de la nobleza (Daniel 1:3), se dio cuenta de que tenía la responsabilidad de mantener un estándar piadoso como testimonio para el verdadero Dios cuando se le pidió que “sirviera en el palacio real” (Daniel 1:4); después de que él y sus amigos habían sido llevados al cautiverio.

Daniel sabía que el vino del rey sería dañino si él participara de él. Además, la carne del rey sin duda se prepararía de manera ilegal y provendría de fuentes impuras que, como judío, le estarían prohibido comer (Levítico 11:7-8; 17:10-14). Por lo tanto, decidió en su corazón tomar una posición en contra de eso y no contaminarse.

Los babilonios pensaron que le estaban haciendo un gran favor a él y a sus amigos, y Daniel lo apreció; así que, Daniel manejó la situación de una manera muy sabia y cortés y sugirió: Por favor, haz con tus siervos una prueba de diez días. Danos de comer solo verduras, y de beber solo agua. Pasado ese tiempo, compara nuestro semblante con el de los jóvenes que se alimentan con la comida real, y procede de acuerdo con lo que veas en nosotros” (Daniel 1:12-13).

Dios honró la amabilidad de Daniel, así como su valiente fidelidad, y así también lo hará por nosotros. Ser asertivo como lo fue Daniel, es lo que un cristiano debe aprender a hacer en un mundo no cristiano. Debemos “estar listos siempre para dar una respuesta”, y debe hacerse, no con arrogancia, sino “con mansedumbre” (1 Pedro 3:15).

Ser obediente a Dios significa vivir por el Espíritu y caminar en Su amor, mientras permanecemos en Él, confiando en Él para que guíe nuestra vida, nos capacite para vivir con rectitud y nos permita ser todo lo que Él nos creó para ser.

Necesitamos escuchar la voz del Espíritu Santo, confiar en la ley que Él ha escrito en nuestros corazones y obedecer desde un corazón lleno del amor de Dios.

Jesús nos estaba enseñando que obedecer al Padre le trajo satisfacción. No fue la aprobación de las multitudes que vinieron oírle hablar, sino la alegría de agradar al Padre que lo satisfizo. Sería bueno para nosotros que aprendiéramos esta importante lección de nuestro Salvador, para que Él pueda usarnos para realizar Sus propósitos en este mundo.

Necesitamos entender que Dios obra todas las cosas, de acuerdo con Su propósito. Nada puede suceder sin que Dios lo permita. El Salmo 57:2 dice: Clamo al Dios Altísimo, al Dios que me brinda Su apoyo“. Dios ha numerado nuestros días y cumplirá todos los propósitos que tiene para cada uno de nosotros si somos obedientes a Su llamamiento.

Al igual que el pródigo, si nos hemos extraviado, siempre podemos elegir ser obedientes y volver a Él, y Él nos recibirá con los brazos abiertos.

Tenga en cuenta que cuando elegimos obedecer a Dios, Él nos bendecirá. Por lo tanto, obedezcamos al Señor y veamos cómo Él trabaja en nuestra vida.

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El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y los abandona hallará misericordia. (Proverbios 28:13)

Una de las tristes verdades es que los cristianos pueden pecar. No importa cuán diligentemente nos dediquemos a practicar la justicia, a veces podemos fallar y pecar. Cuando nos damos cuenta de que hemos desobedecido a Dios, nuestra respuesta inmediata debe ser confesar y estar bien con Él. Sin embargo; no tenemos que pecar; el pecado es una elección, y NO, el diablo no te obligó a hacerlo.

La Biblia nos dice que: Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros (1 Juan 1:8). Y el remedio disponible también se encuentra en las Escrituras.Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Este perdón se basa en el hecho de que “la sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7).

En la primera parte del versículo 13 encontramos la manera en que el mundo trata el pecado junto con el resultado que tal acción trae; El que encubre sus pecados no prosperará.”

Un pecador en su orgullo siempre desea ser considerado mejor de lo que es; y ya que la conciencia del hombre testimonia que sus acciones son malas, él busca cubrir u ocultar su pecado.

Cuando una persona oculta su pecado al negarlo, todavía no elimina sus efectos. La Palabra de Dios declara que a pesar del esfuerzo del hombre por ocultar su pecado, él “no prosperará. Las leyes naturales, morales y espirituales de Dios no pueden ser evitadas; Él no puede ser burlado (Gálatas 6:7). Aunque el pecado en su naturaleza espiritual no puede ser visto por los ojos humanos y pesado por balanzas humanas, es real y también lo son sus efectos.

La voz de Dios convocó a Adán de su escondite para recibir su sentencia (Génesis 3: 9). La sangre oculta de Abel clamaba del suelo en Génesis 5:10-12. La conciencia atacó y robó la alegría de la vida de los hermanos de José (Génesis 42:21-23). Saúl cubriendo su pecado le costó el reino (1 Samuel 15:21-23). La lepra de Naamán alcanzó a Gahazi ya sus descendientes para siempre (2 Reyes 5:27). Necesitamos entender que las acciones hechas en las tinieblas más profundas son visibles y claras para un Dios omnisciente.

Cuando leemos el relato de Acán en Josué capítulo 7; nada debería ser saqueado de la ciudad de Jericó, pero Acán enterró oro y ropa debajo de su tienda. Cuando su pecado fue descubierto, él y su familia murieron como resultado. Y aquí vemos nuevamente que el hombre que encubre su pecado no prosperará. En vez de admitir su culpa y tal vez invocar la misericordia de Dios o al menos demostrar reverencia por Él, Acán intentó esconderse y pagó el precio.

Es importante comprender que los pecados que nos enredan nunca deben ser ignorados, porque la transgresión que intentamos encubrir eventualmente nos derribará.

La actividad opuesta de ocultar es confesar y abandonar nuestras transgresiones; “pero el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.

La confesión genuina se opone a la cobertura del pecado. ¡Cuán bienaventurado es aquél cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto!  ¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño! (Salmo 32:1-2).

La confesión debe ser hecha a la persona contra quien el pecado ha sido cometido. Todo pecado es contra Dios; por lo tanto, todo pecado debe ser confesado a Dios. Si también se han cometido actos de pecado contra otras personas, también se les debe hacer una confesión.

No admitimos nuestras malas acciones para el beneficio de Dios porque Él lo sabe todo. Dios exige una completa confesión para nuestro bien. Porque trae la victoria divina sobre el orgullo y el autoengaño e inicia nuestro regreso a Dios, tal como leemos en la historia que Jesús contó sobre el hijo pródigo.

Entonces, volviendo en sí, dijo: ‘¡Cuántos de los trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, pero yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; hazme como uno de tus trabajadores.”’”

“Levantándose, fue a su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo besó. Y el hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo.’ Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Pronto; traigan la mejor ropa y vístanlo; pónganle un anillo en su mano y sandalias en los pies. Traigan el becerro engordado, mátenlo, y comamos y regocijémonos;  porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.’ comenzaron a regocijarse” (Lucas 15:17-24).

Note que una vez que el pecado es confesado y abandonado, se encuentra la misericordia. La misericordia significa compasión o bondad mostrada hacia un ofensor; resultando en no recibir la debida justicia por nuestro pecado. Una vez que sinceramente confesamos y renunciamos, la misericordia coloca el pecado bajo la sangre derramada de Cristo, donde Dios la olvida y nunca la vuelve a recordar (Hebreos 8:12, Isaías 43:25).

Este asombroso perdón de nuestro Señor y Salvador debería llevarnos a arrodillarnos y orar cada día como lo hizo David. “Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24).

La confesión es la solución al problema de la culpa. ¿Y tu? ¿Hay algo en tu vida que estás encubriendo? No funcionará. Usted no puede engañar a Dios. Admita su transgresión al Señor y experimente Su misericordia, amor y gracia. La confesión es la clave que abre la puerta al perdón y la purificación del alma.

Dios es el único que tiene la solución y Él nos da esta maravillosa promesa: Vengan ahora, y razonemos,” dice el Señor, “aunque sus pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán” (Isaías 1:18).

Es sólo a través de la sangre derramada de Jesucristo que la mancha del pecado puede ser removida, y podemos ser perdonados y purificados. Entonces, ¿cómo podemos ser inspirados a no pecar y vivir una vida que honre a Dios ya nuestro Salvador?

Venga a conocer a Dios en Su gran Santidad, dignidad y majestad y pase mucho tiempo en oración, leyendo la Palabra y caminando humildemente con Él. La humildad es la mejor protección contra el pecado, la rebelión y el orgullo.

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Posteado por: ibnjcamalu | abril 1, 2020

ENTENDIENDO EL DISCERNIMIENTO BÍBLICO – Proverbios 17:24

El que tiene discernimiento fija su rostro hacia la sabiduría, pero los ojos de un necio están en los confines de la tierra. (Proverbios 17:24)

El discernimiento es la capacidad de decidir sabiamente entre la verdad y el error, lo correcto y lo incorrecto. El discernimiento es el proceso de hacer distinciones cuidadosas en nuestro pensamiento acerca de la verdad, especialmente acerca de la Palabra de Dios.

La Biblia deja en claro que el discernimiento es algo que todos debemos desear y que es necesario para ayudarnos a crecer en nuestra fe y evitar que seamos engañados (Hebreos 5:14).

El discernimiento espiritual tiene que ver con la capacidad de conocer la verdad y proviene de una relación de salvación con Jesucristo. A medida que crecemos en nuestra relación con Él, también obtendremos un discernimiento espiritual, que es una capacidad creciente para conocer y obedecer la verdad.

Necesitamos discernimiento para entender la Biblia. Nuestras mentes humanas no pueden entender las Escrituras sin el discernimiento que viene del Espíritu Santo. El hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque son cosas que se disciernen espiritualmente (1 Corintios 2:14). La sabiduría que necesitamos para nuestras vidas está contenida en la palabra de Dios, pero es imposible de comprender, a menos que tengamos el discernimiento para entenderlas (2 Timoteo 3:12–17).

Discernir también significa “buscar diligentemente, examinar”. Vemos un gran ejemplo de esto con los cristianos de Berea. No solo oyeron las enseñanzas de Pablo, sino que, después de escuchar lo que dijo, fueron a las Escrituras para ver si lo que él enseñó era verdadero. Debido a que los bereanos verificaron las enseñanzas de Pablo en contra de las Escrituras, los elogió diciendo: Estos eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así (Hechos 17:11).

Los cristianos que disciernen espiritualmente son capaces de distinguir correctamente entre la enseñanza verdadera y la falsa. Los que tienen discernimiento tienen sabiduría. Además, en la Biblia se nos dice que un verdadero creyente posee la mente de Cristo. En cambio, el que es espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado por nadie. Porque ¿quien ha conocido la mente del Señor, para que Lo instruya? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:15-16)

Como vemos, Dios solo le da al hombre espiritual el conocimiento de Su voluntad, porque tiene la mente de Cristo.

Entonces, ¿cómo crecen los cristianos en el discernimiento espiritual? Permitiendo que el Espíritu Santo sea su luz orientadora; Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero (Salmo 119:105); y cuidadosamente estudiando la Biblia.

A los cristianos nacidos de nuevo se nos manda probar lo que se enseña. El apóstol Juan nos dice que “probemos a los espíritus para ver si son de Dios”. ¿Por qué es tan importante “probar”? “Porque muchos falsos profetas han salido al mundo” (1 Juan 4:1).

Buscar discernimiento es un objetivo para todos los que desean caminar en rectitud: Oseas 14:9 dice: El que es sabio entiende estas cosas; el que es inteligente las comprende. Ciertamente son rectos los caminos del Señor: en ellos caminan los justos, mientras que allí tropiezan los rebeldes.”

Se nos manda a “odiar lo que es malo; aferrarse a lo que es bueno” (Romanos 12:9). Pero, a menos que tengamos un verdadero discernimiento, ¿cómo podemos determinar qué es “mal” y qué es “bueno”? Solamente lo podemos hacer por la presencia continua del Espíritu Santo en nosotros, nunca tenemos que tomar una decisión solos, o confiar en nuestros limitados recursos. Él está siempre con nosotros para guiarnos a toda verdad, y para recordarnos las palabras de Jesucristo “el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho” (Juan 14:26 y 16:13). Así que tenemos la responsabilidad de poner la palabra de Dios en nuestra mente, para que Él pueda hacer que la recordemos; para que mantengamos la pureza del evangelio, y saber distinguir la verdad de la herejía.

Entonces, para obtener un discernimiento espiritual, debemos buscar a Dios y para hacer esto, se nos instruye a orar por sabiduría. Santiago 1:5-6 dice: Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie. Pero que pida con fe, sin dudar…”

Por lo tanto, debemos buscar sabiduría en la Palabra de Dios porque Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia,  a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra (2 Timoteo 3:16–17).

A medida que buscamos conocer más a Jesús, estudiamos la verdad de la Palabra de Dios, aprendamos a poner la verdad en práctica en nuestra vida y confiemos en el Espíritu Santo dentro de nosotros, creceremos en el discernimiento espiritual.

Podemos estar seguros de que Dios nos proporcionará la sabiduría y el discernimiento que necesitamos, cuando se lo pidamos, porque Él desea que vivamos una vida cristiana llena de poder y del entendimiento que necesitamos para seguir a Cristo.

En resumen, el discernimiento espiritual es la capacidad de distinguir con claridad lo que es verdadero y lo que es falso cuando se trata de la Palabra de Dios. En consecuencia, una persona con un fuerte discernimiento espiritual puede distinguir si una enseñanza, idea o doctrina que escuchan proviene de Dios o de otra fuente.

En nuestro mundo con muchas voces en competencia que dicen hablar por Dios, necesitamos discernimiento espiritual. Sin discernimiento, seremos desviados por falsos maestros e ideas incorrectas.

Si queremos tener discernimiento, necesitamos leer la palabra de Dios, aprender la palabra de Dios y aplicarla constantemente a nuestra vida. Esto nos dará la capacitación que necesitamos para resistir las ideas erróneas acerca de Dios en el mundo.

Dios ha llamado y capacitado a Sus hijos para ser guerreros de la verdad y para proteger a los creyentes débiles entre nosotros; Él no nos bendecirá si nos convertimos en religiosos débiles y “hombres y mujeres que dicen sí” para los falsos líderes religiosos y manipuladores. Así que estudie la Biblia y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres (Juan 8:32).

Entonces, al igual que Pablo, oramos para que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio,  para que disciernan lo que es mejor, y sean puros e irreprochables para el día de Cristo (Filipenses 1:9-10).

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